No era una diosa a la cual debía adorar
Estaba igual de sucia y rota que yo.
Ella leía mis palabras bajo la lluvia a veces y la amaba en todos mis futuros posibles.
Necesitaba arrastrarme entre semillas de café y las hojas sueltas de aquel apocalipsis para respirar su aire, tan frío y sobrecogedor, tan errante y volátil. Y hoy en el ayer de su vacío cada palabra derramada entre sus espacios es un placer culposo y evocador.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario